Con la aparición del primer teléfono móvil, hace ya unos cuantos años, y hasta hace pocos, a cada «generación» de teléfono móvil que se hacía se intentaba reducir su tamaño para que ocupara lo mínimo en el bolsillo del usuario. El desarrollo en los componentes hardware que se iba consiguiendo también permitía reducir el precio de los dispositivos, llegando cada vez a más y más gente.

Hasta que llegó «la edad del smartphone«. Nuevas necesidades se abrían con la llegado de estos teléfono «inteligentes» (¿Inteligentes? ¿Pueden hablar estos teléfonos o razonar? ¿Por qué se les llama inteligentes? Esto da para otro tema…). El usuario ya no necesitaba un teclado debajo de la pantalla, empezó a integrarse todo en la misma pantalla y claro, con pantallas pequeñas la precisión de la pantalla táctil brillaba por su ausencia. Así que volvieron a los orígenes, en cuanto a tamaño se refiere, y cada vez se pueden ver teléfono móviles más y más grandes.

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El primero medía 23 centímetros de largo, 13 centímetros de profundidad y 4.45 centímetros de ancho. El iPhone 6 Plus hace 15.81 centímetros de largo y 7.78 de ancho. De profundidad no hablaremos, pero de largo y ancho ya empiezan, aunque aun lejos, a asemejarse a los primeros. El nuevo y flamante Nexus 6 de Google tampoco se queda corto, y no son pocas las críticas que ha recibido por su excesivo tamaño.

Este incremento de tamaño, y de pantalla más concretamente, repercute claramente en el precio. Y aquí viene el otro gran problema. ¿No estamos en medio de una crisis mundial donde cada día hay mas pobreza? Entonces, ¿como puede ser que la gente deje de trabajar 2 y 3 días para hacer cola y, cuando llegue su turno, gastarse el mismo dinero que mucha gente tarda uno o dos meses a cobrar con los salarios que se mueven hoy en día? Esto, igualmente, da para otro tema de debate.

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Claramente, el tamaño importa. ¿Dejó de importar alguna vez? Yo creo que no. En tiempos de recortes, de todas formas, es evidente que la gente las prefiere grandes (las pantallas, por supuesto). Veremos hasta donde llega la evolución de estos dispositivos. Claramente, si no consiguen mejorar la autonomía, creo que se tendría que replantear el modelo de negocio. Las pantallas podrán ser muy grandes, pero de nada servirán tan grandes si no te duran ni medio día y el usuario tiene que ir buscando donde poder cargar el teléfono. Sinceramente, creo que se está llegando a extremos innecesarios.

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