Tras muchas discusiones y, a riesgo de empezar a parecer otro término de moda, se está instaurando entre nosotros el Internet de las Cosas.

Cuando empezamos a trabajar en ello a finales del siglo pasado, nadie era capaz de augurar el gran impacto que tendría, pero aún estando en su fase más incipiente (menos de un 1 % de las cosas están conectadas a Internet) el concepto ha evolucionado hacia el Internet of Everything.

No es tan sólo un cambio de siglas. El alcance es mucho mayor ya que tiene en cuenta lo más importante, las personas.

La confluencia de las cosas conectadas a internet con los procesos y los datos darán salida a soluciones que cubrirán todos los mercados imaginables (retail, medicina, banca, entretenimiento…) para mejorar las vidas de las personas, que es realmente el objetivo final que deberían tener todas las iniciativas tecnológicas.

La conexión de los dispositivos más cotidianos en nuestras casas, trabajos o ciudades es ya un hecho y sólo acaba de empezar. La reducción de los precios de los sensores, las comunicaciones y el incremento de la eficiencia de los objetos conectados a internet serán sus principales valedores y por ello, las compañías más importantes del mundo están apostando fuerte para liderar el sector (Intel, Samsung, Apple, Cisco, etc)

Internet of Everything, el mercado más grande de dispositivos.

El futuro cercano estará hiperconectado pero ninguna cosa se conectará a internet sino tiene sentido para las personas.

¡Bienvenidos al Internet of Everything!

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